Cuando todos los siglos vuelven, anocheciendo a su belleza ,sube al ámbito universal la unidad jonda de la tierra.

Entonces nuestra vida alcanza la alta razón de su existencia: todos somos hijos iguales en la tierra, madre completa.

Le vemos la sien infinita, le escuchamos la voz inmensa, nos sentimos acumulados por sus dos manos verdaderas.

Su mar total es nuestra sangre, nuestra carne es toda su piedra, respiramos con su aire uno, su fuego único nos incendia.

Ella está con nosotros todos y todos estamos con ella, ella es bastante para darnos a todos la sustancia eterna.

Y tocamos el cenit último con la luz en nuestras cabezas, y nos detenemos seguros de estar en lo que no se deja.

(Juan Ramón Jiménez)