Mi cara está desfigurada pero tú la ves fresca. Mi piel torturada pero ni te puedes atrever a acariciarla. Mi cuerpo deformado parece intacto.
Me dejo ver, me dejo acariciar, me dejo reconfortar. Sólo si quieres pero si lo haces, asegúrate que te quedarás para siempre a cuidar de esas heridas con el mismo cariño y empeño que yo lo hago cada día. Si no eres capaz, tampoco podrás cuidarte. Soy tu yo, tu espejo.
Me gusta mi trayectoria pero es hora de descansar y disfrutar de un merecido reposo. Quiero el descanso placentero de las cosas pequeñas y cotidianas como el más preciado Tesoro imposible de tasar. Toda una Vida bien es una lucha y ya me estoy dando por vencida. Me falta aliento, me sobra Soledad para regalarle a quién quiera. Me sobran kilómetros, me falta un pequeño sendero compartido con unas notas sonoras.
Esta es una pequeña y humilde historia que como toda que comienza no tiene fin tan sólo otro capítulo por escribir y quiero que el siguiente sea colorido y comience con una frase que te dedico desde este preciso instante que es mi continuo presente: “Has venido y sé que ahora… Te quedarás.”
Sign-in to post a comment.