Cuando tuve mi primera cámara digital únicamente fue con fines laborales; fotos de productos, de caras de gente, de pantallas y cosas que en realidad no me hacían ver la potencialidad de congelar el momento detrás de un lente.

Han pasado muchos años de mi primera cámara que aún conservo, como un recuerdo con su pantalla rota y sus bordes despintados y raspados.

Muchos amigos míos son excelentes fotógrafos y camarógrafos, Esteban Salcedo y Alejandro Rivadeneira son un par de genios de la imagen que me sirven de referencia y de panel de consulta para mi manera caprichosa y autodidacta de tomar fotos, de congelar momentos.

No tengo ningún tipo de formación profesional con la fotografía y tengo una cámara FUJIFILM FinePix S2980 que hace un año me ha permitido intentar y plasmar memorias; yo no tomo fotos esperando el reconocimiento ni el entendimiento, yo en lo personal veo a la fotografía como un momento de escape y libertad creativa.
En estas fechas donde todos están comprando y jugando a las navidades es probable que compre un trípode para explorar el diseño de fotos de 360 grados.

En conclusión podría decir que mi cabeza ha aprendido a ver la belleza hasta en la situación urbana más extraña que pudiese encontrarme y cada foto que intento guardar tiene como finalidad hacerme recordar lo efímero que puede ser cada momento en este bello universo.