Supongo que es poco lo que tengo que contar si no le he contado ya.

A veces, algunas veces, hay que ir a darse una vuelta por el otro lado del mundo particular de cada uno, visitar otras tierras y descubrir otros mares, visitar lugares donde no te conocen e intentar que sigan sin conocerte para no tener reparo alguno en abandonar el lugar y seguir el camino. Es difícil, la edad te vuelve cómodo y cuesta mucho levantarse de la mesa camilla donde estás sentado, brasero a los pies y faldas sobre los muslos, pero hay que hacerlo, hay que mover los músculos y comenzar nuevos viajes a Itacas de las que nunca has oído hablar, disfrutar del camino y si vuelves, volver más rico en experiencias, como dice el poema, y también en luces y amigos.

No ha sido el caso, no ha sido un viaje grato, tampoco es que haya sido un descenso a los infiernos pero algo de piel y un poco de sangre si que he vuelto a dejar en alguna esquina perdida de alguna ciudad extraña bajo una noche sin luna y en la punta de una navaja afilada por la luz amarillenta de una farola, ha sido un sueño turbio, sobresaltado, pleno de fantasmas y espectros, recuerdos y deseos y un túnel al fondo.

He intentado escribir un libro y solo he podido quemar folios en una hoguera de buenos deseos y falsas intenciones, he paseado con cans de palleiro por praderas disfrazadas de jardines y que escondían ciénagas, he disfrutado de calmas entre tempestades y he bebido licores amargos en vasos decorados con oro y palmeras.

Me he aburrido con semidioses que contaban cuentos que no comprendía, me he divertido con mujeres que me daban la espalda y a las que nunca alcanzaba, he tenido deseos inconfesables y alguno se ha cumplido, he soslayado Escilas para caer en Caribdis, he trazado planes que nunca llevaré a cabo, he plantado algún árbol y como he dicho antes no he escrito el libro que correspondía con la vida de los hijos que tengo y de las hijas que nunca tuve.

Y al final, no se qué he hecho, tampoco se por qué lo he hecho si es que lo he llegado a hacer ni cuales eran mis intenciones para querer hacerlo.

No vuelvo, simplemente paso, como siempre le he hecho, a veces doy pasos más cortos a veces más largos, pero nunca son los mismos ni en los mismos lugares.

Y en el mientras tanto, reposo, tomo café y miro como pasa un tren rojo y blanco.