Llevo unos días caminando solo, por la calle, dando vueltas alrededor de un barrio que cada día me gusta más, puede que porque sea el mío, puede que porque hasta ahora no me había detenido a verle tranquilamente, no se exactamente por qué, pero además no viene al caso.
Como iba diciendo llevo unos días caminando en un viaje a ninguna parte, circularmente, sumido en mis pensamientos, oyendo una música que se vuelca desde un IPod anticuado a unos cascos comprados en los chinos de color rosa fucsia marica ilusión, oyéndola pero no escuchándola, enfundado en unos pantalones cortos prestados de color azul y plata, una camiseta que anuncia la noite meiga de hace varios años, con una bruja montada en una escoba, todo en color amarillo sobre fondo negro y unas zapatillas Adidas recuperadas del baúl de los recuerdos, blancas, con unas rayas azules, de suela fina, muy distintas a esas de colorines fosforitos y suela gruesa que tanto se ven en los atletas ocasionales con los que me cruzo entre resoplido asmático y crujir de dientes.
Camino deprisa, con un arrítmico movimiento de brazos y un desacompasado respirar, pero es lo que hay, mi próstata ha dado señales de vida y hay que agotarla con ejercicio moderado pero continuado, todos los días, una horita, un, dos, un, dos…
Y me da tiempo a pensar, y ayer, pensé en vosotros, en el grupo ese del que me he desligado un tanto sin ningún motivo aparente, simplemente vagancia o carencia de algo que decir, pensé en vosotros y en que a veces he entrado, unos segundos y he vuelto a salir, sin que se me ocurriera saludar siquiera, no tenía ni voz ni palabras para decir algo.
Desde que he vuelto de Argelia, me encuentro un tanto vacío, o quizás sea todo lo contrario, esté lleno, y por eso no tengo nada que decir porque tanto por un motivo como por otro, no hay nada que contar.
El caso es que pensé en vosotros, y pensé en mi, en nuestras risas y nuestros devaneos, nuestros delirios y nuestras tristezas, nuestros querer ser distintos pero sin cambiar lo que somos, en esos momentos de intimidad y también en los momentos de expansión y griterío.
Y seguí andando, sacudí la cabeza, cambió el momento, y había un gimnasio low cost anunciado en grandes paneles y un coche casi me atropella al cruzar por donde no debía, agité mi cabeza sudorosa, me metí un Smint en la boca y seguí caminando rumbo hacia ninguna parte y con unos minutos de pesadilla en el horizonte.
Se oculta el sol por Vallecas, el cielo se pinta de rosa y una línea curva delgada, muy delgada, se dibuja a mi izquierda…