… Y la escuchas llegar al galope de los cuatro luceros de Hilario Camacho acompasando el estruendo de la pólvora de la mañana de Aute y la luz rellena de faroles blancos los rincones oscuros de los desvanes de tu cabeza y todo es resplandor y la oscuridad se pierde en los sumideros de las puertas abiertas a los zaguanes del amanecer rosado.

Y miras hacia detrás y no ves nada y todo lo que te queda lo tienes delante. Y sientes el calor de las hogueras amigas encendidas en los recintos de las patrias risueñas, y los cantares vuelven a subir con el humo por las chimeneas de la esperanza y las risas te visten de cascabeles y miel.

Ha pasado el invierno y la noche larga.

Ahora toca desperezarse, desentumecer músculos, desempañar los ojos y ponerse en marcha.

Tengo sed.

Bienhallados todos.