Mi esposa había ido a comprar un pollo asado para comer ese domingo. Nos quedamos, nuestra hija i yo, en el parque infantil de una plaza cercana, esperando su regreso. El lugar estaba repleto de mamás y papás con sus retoños. En ese momento intentábamos retirarle el chupete, al que llamábamos "chupo", pues considerábamos que ya era tiempo de que dejara tal hábito. Así que le dije: "¿Le das a papá el "chupo"? Yo te lo guardo y después te lo devuelvo. Fíjate en los niños y las niñas. No llevan chupete porque ya son mayores. ¿Quieres ser mayor?" Ella asintió con la cabeza y me lo entregó. Pero a los pocos segundos, justo cuando lo había guardado en el bolsillo del pantalón, mi hija exclamó a viva voz: "PAPAAA... PUTOOOO....". El silencio en la plaza fue total. Todas las miradas se dirigieron a la niña... ¡Y a su padre! La expresión de mi hija y la reacción de los convecinos me sacaron los colores de tal manera que me faltó tiempo para dar explicaciones. "Veran... Es que familiarmente al chupete le llamamos "chupo" y claro, como la niña empieza a hablar... Pues..."