Románticamente, a los quince, preguntaba ¿soy el único? Descubrí que era único en mi diferencia.
Al despedirme, una profesora me dijo: "algún día encontrarás quien te valore". Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar, afirma el sistema que exige pertenencia y pertinencia.
Hallé salida al hastío y mediocridad en la escritura de cartas. Esta práctica fue un instrumento de conocimiento y mi primer laboratorio de ficción. Adopté heterónimos, a los cuales nutrí de contenido, y muñido de ellos, me lancé a interactuar con otros.
Lo diferente, antes oculto, hoy está incorporado bajo diversas formas. Pero la diferencia no es un valor en sí mismo. No dice en verdad tal cual soy sino tal cual puedo ser descubierto a través de ella. Cada minoría tiene representante pero cada cual tiene que dar cuenta de su diversidad.
Recibía muchas cartas pero prefería solo lo semejante. Los discriminados discriminan más que los otros. ¿Hasta que punto descubrimos y conocemos qué es lo diverso? ¿No será que solo conocemos, a través de máscaras, nuestra diversidad?
Mí epifanía fue una iniciación múltiple que aconteció sin haber conocido personalmente a ninguno de mis corresponsales.
Ellos referían alegrías, problemas, temores, fantasías, ideologías y sentires a través de su escritura. Y con cada respuesta, el deseo (tierno, poético, erótico, fetichista) que cada uno alentaba en mí, me hacía crecer. Así como una visión restrictiva provoca un recorte de la personalidad, hay otras que permiten ampliar el campo personal.
Hoy, las uniones posibles, si se realizan en nombre del mercado, serán parte del mismo. Cada cual tendrá su nicho (en el mercado, la institución o el chat telefónico) si consume y se habitúa a ser consumido.
Atascados en una pantagruélica indigestión cultural devoraremos sin asimilar la diversidad de forma no problemática, como espectadores que repiten los eructos televisivos de una comida servida sin demasiado alimento. Debajo de la mesa familiar, la violencia tiñe el mantel. El lenguaje cotidiano, reproduce en su modo de concebir y tratar al otro, menos como ser que como cosa susceptible de ser descartada, el insatisfecho deseo por hurgar lo diverso.
La visibilidad de una minoría no siempre pasa por la imagen que recrean los medios. Aparece subrepticiamente, dentro de un complejo entramado, un cuerpo, cuyo deseo no puede ser reglado ni digerido por los medios. Opuesto al no-lugar aparece en zonas geopolíticas donde el deseo urbano y marginal efectivamente subvierte el mapa. Vaya como ejemplo, este fragmento que Batato Barea me envía el 31-5-88:
SABES? ME PASO ALGO QUE CERTIFICO MI ACEPTACION A TODO LO QUE UNA PERSONA ES Y HAGA, SEA LO QUE SEA LA COMPRENDO. HACIA UN FRIO QUE CORTABA CON NAVAJA LA CARA Y TODO. ESTABA A LAS DOS DE LA MAÑANA EN LA ESTACIÓN DE CASEROS Y VENÍA PARA AQUÍ Y UN MENDIGO, SUCIO, ANDRAJOSO, SE ACERCO Y ME PIDIO ASI: QUERES HACER EL AMOR CONMIGO? DONDE? POR ALLI EN EL FONDO... me dijo. Y lo miré a los ojos y allí me di cuenta de la miseria, el hambre, el frío de él y de la desesperación...... de los dos...
Fue muy fuerte pero no acepté y le dí mi teléfono (estúpido yo!!!como iba a llamar él?)
ACEPTAR A TODOS COMO SON ES LA CONSIGNA (me diría: hasta los militares, nazis, curas, policías aunque me cueste)
Y con marcador grueso color verde (¿esperanza?) agregó de Alejandra Pizarnik:
NO ESTOY EN DIFICULTAD, NO! ESTOY EN NO PODER MÁS... AUN NO ABANDONE EL VACIO, AUN NO ABANDONE EL DESIERTO. VIVO EN PELIGRO ...PERO SI TE DIMOS TODO LO NECESARIO PARA QUE COMPRENDIERAS....Y VOS PREFERISTE LA ESPERA...