C: En su columna Piedra de Toque, hace tres años, usted recurrió a su personaje Zavalita, de Conversación en la Catedral, para agregarle una respuesta a la pregunta emblemática ¿En qué momento se jodió el Perú? con la sentencia: El Perú es el país que se jode cada día.

MVLL: Bueno, los países que se joden no se joden de una sola vez, es un proceso también. Así como los países que salen adelante lo hacen a través de un proceso, los países que se hunden en la pobreza, en la ruina, en el caos, lo hacen por una elección más o menos sostenida.



C: Pero digamos: ¿Cuál es su relación emotiva con el Perú ahora? Lo preguntamos también porque la relación con el Perú es muchas veces áspera, hostil.

MVLL: Sí, es una relación áspera, exactamente. Pero bueno, yo que no soy nada nacionalista, yo que odio el nacionalismo, pues me parece que es una de las grandes aberraciones humanas que han provocado a lo largo de la historia sangre y muerte, creo que el nacionalismo debe ser combatido como una forma de la estupidez humana. Ahora, lo que es una realidad es que uno se forma en un entorno, en un medio y eso es algo que te marca profundamente y que sobre todo deja una herencia muy fuerte en la memoria, algo con lo que cualquier artista trabaja toda su vida, pues es su materia prima. Esa es para mí la explicación de por qué pese haber vivido tantos años en el extranjero el Perú vuelve con tanta frecuencia en lo que escribo. Incluso, cuando escribo historias que no están situadas en el Perú, pues queda clarísimo que en el fondo, en la raíz de esas historias, el Perú siempre está presente. Entonces, creo que eso hace que yo tenga con el Perú una relación más visceral que con cualquier otro país. De hecho, las cosas que ocurren en el Perú me importan siempre, a pesar de períodos muy largos de distanciamiento físico. Ahora, quizá también es una abstracción bastante injusta. Porque la patria es para cada cual algo mucho más reducido que el conjunto de nación: ciertos barrios, ciertas personas, el entorno familiar, los amigos, gente que ha tenido un papel central en los afectos, en la formación de uno. Creo que el Perú que yo recuerdo es un Perú pequeñito, como el de todos, que más o menos hemos vivido muy directamente. El resto del Perú es una extensión de todo eso. Pero en ciertas épocas de mi vida, sí, yo he conocido otras caras del Perú. Por ejemplo, cuando hice política y fui candidato a la Presidencia viajé mucho por el Perú, y además en una época muy especial que vivía el país. Entonces, ahí fui descubriendo de pronto otras dimensiones de un país que yo creía conocer y en realidad no conocía profundamente.



C: Las distintas almas del Perú…

MVLL: Exactamente, y bueno las distintas culturas sobre todo. El Perú es país de muchas culturas. Una nación hecha de muchos países, en realidad. Eso yo creo que es una riqueza, no una pobreza. Un país que es muchos países es una especie de microcosmos, algo que es una riqueza más bien.



C: Pero pareciera que el Perú estuviera marcado por lo inconcluso, por lo fallido.

MVLL: Sí, y es porque nunca hemos tenido una orientación más o menos segura, mantenida, continuada, sostenida a lo largo de las generaciones, cosa que sí han tenido los países que han avanzado, prosperado y que se han modernizado. Por eso son países más libres, más democráticos. Y el Perú, como todos los países subdesarrollados, empezaba en una dirección, después paraba, retrocedía e intentaba otro camino. Entonces, el avance era lentísimo y era terriblemente desigual: avanzaban unos y otros se quedaban rezagados. Y esa es un poco la descripción del subdesarrollo. Hemos tenido períodos en que parecía que ya estábamos orientados, como éste, por ejemplo. Pero no se puede meter las manos al fuego, no sabemos qué puede pasar mañana y esa incertidumbre es una de las grandes tragedias de un país, de una sociedad.