El Che. A fines de los años 70, en el Perú erán muy pocos los jóvenes universitarios que no idealizaramos al che Guevara, el ícono de la revolución cubana.

La aventura. Nos maravillaba en especial sus viajes, como aquel histórico sobre una motocicleta que le permitió llegar a los 19 años a los confines de Argentina, Chile y Perú, en una sensacional caminata plagada de aventuras. Y también la aspiración de derrotar al imperialismo este donde esté y en cualquier condición, y, por supuesto, su entrega a causas imposibles, todas llenas de idealismo. Así pensaba un joven de 19 o 20 años a fines de los 70. Eran otras èpocas, ya que se salía del hippismo, se pasaba a la època de los grandes discursos y grandes ideales y el mundo solo era norte y sur. Se creía que no había otra opción: o eras de izquierdas o eras de derecha.

Nosotros, naturalmente, éramos de izquierda. Todos bajo el influjo de la imagen del Che.

Adios pampa mía. De pronto vino la caida del Muro de Berlín y todos esos sueños de igualdad social - bajo la óptica socialista - se venían abajo como un castillo de arena. Nuestro sueño, un mundo rojo, era para miles de ciudadanos del Este una terrible pesadilla que había enviado a la cárcel o al destierro a quien se atreviera a disentir, a discrepar, a quien se le ocurriera pedir, solicitar, exigir, cosas tan elementales como las elecciones libres, la lectura de libros distintos, el derecho a la reunión, a la expresión, etc.

En el Paredón. Hurgando en la memoria histórica, nos enterabamos que ese joven idealista y médico de profesión llamado Ernesto Guevara fusiló a sus enemigos en La Habana; centenares de sujetos ya rendidos en mamotretos de juicios y bajo tribunales que nadie reconocía, habían sido enviados a la otra sin el más elemental derecho a la defensa legal y formal. Descubriendo esa información - no negada por el régimen cubano - el heroe de aquel tiempo empezaba a hacerse añicos en nuestros corazones. Y nuestra ideología cargada de sueños y juventud, también comenzaba a tambalear. Y tambaleó.

Cuba. Por alguna razòn en el 2003 visitamos Cuba. Y encontramos un país contradictorio. Altos índices en medicina y deporte, pero nula democracia... muy lejos del paraiso que se nos había vendido de cuando muchachos y rebeldes. Era una isla ideológica del cual muchos querían - y quieren - huir.

¿Y que somos ahora? Hoy nos declaramos, o por lo menos yo, seguidores del sentido común, del impulso al desarrollo personal, al desarrollo nacional, pero basado en el respeto a la democracia, a la libre expresión y al libre tránsito.. y todo ello sin abandonar nuestra solidaridad con los desposeidos, con los pobres, con los olvidados.. (pero que también trabajen y no estiren la mano!!)

El Che en película. Ayer, en un cine de medianoche de Madrid, vi la reciente película de Benicio del Toro, sobre el Che Guevara. No puedo decir que me decepcionó, pero tampoco es de aquellas peliculas que tu digas "tengo que volverla a ver". No, ni hablar. No pasa nada si dejas de verla. Pienso que es de mejor confección "Diarios de Motocicleta". Y es que aunque se diga lo contrario, la rebeldía de los 19 años, siempre será más hermosa... y más tránsparente. La película de Benicio deja mucho que desear...

Pero hay que ser revolucionarios. Si, hay que ser revolucionarios, pero revolucionarios de corazón y también de praxis. Revolvernos sin fátiga contra aquellos que dicen que no se puede, que uno no es capaz o que el destino ya está escrito. Hay que ser revolucionarios contra el dolor, contra la mentira, contra el embuste y contra el malhumor. En una palabra, ser revolucionario en estos tiempos, es ejercer la vida con pasión y con entrega, pero también con serenidad y tolerancia...