Ansiedad/de tenerte en mis brazos/musitando palabras de amor...

Ansiedad. Versión de Nat King Cole.

Es la historia de un amor. Se conocieron a mediados de esa década de los cincuenta en la ciudad de Lima. Lucio estaba mas delgado y venía de trabajar como obrero en alguna fábrica embotelladora donde tenía que tapar a mano las botellas de inka kola. Llevaba sus bigotes a lo Errol Flyn y siempre, en situaciones de paseo, salía con traje y corbata. Habia descubierto el entretenimiento de armar y desmontar motores de autos y camiones; también conocía el arte del baile y la guitarra. Por aquellos años se defendía bien en la cocina y en su vida privada. Lucio se sentía bien y fuerte y siempre tenía un rayo de picardía en la mirada.

Mama no va a la guerra. Pero casi como si la viviera. Siempre recordaba que a los 16 años, al ponerse al servicio de las casas elegantes y señoriales de Lima, no sabía ni cocinar un huevo o unas papas hervidas. No sabía mucho de vida. Y aprendió de todo porque una empleada doméstica debía saberlo: cocinar, lavar, planchar, coser, cuidar niños, limpiar casas; todo debía conocerlo. Y lo aprendió con esos 16 inocentes años. Y se sentía muy orgullosa de sus logros y su coraje. De ese carácter fuerte y decidido. Nunca se quejaba y aprendió a trabajar más de 14 horas seguidas, con esa mente prodigiosa que podía recordar hechos de su infancia en Urcos pasadas muchas décadas.

Dos almas. Muchos años después, ambos recordarían que tenían muchas cosas en común de cuando jóvenes: la música (papá toca la guitarra y mamá cantaba canciones andinas muy bien) el buen comer, el trabajo, el alejarse de los chismes y cotilleos, la sencillez y por cierto, la decencia por encima de todo, todo acompañado de una honestidad a prueba de desafios..

Miradas que dan vida. Y de pronto, esas miradas se encontraron en una casa elegante. No eran los dueños ni los hijos de alguna familia acomodada. Eran el chofer y la empleada domestica. Debió haber fuego en ese primer encuentro, algo de sensualidad y mucho amor y ternura. Por que más de 49 años despues, siempre en Lima y rodeados de sus hijos y nietos, Lucio y Graciela se seguían amando.