En la vida siempre hay que tender puentes. Los hay de todo tipo y son muy útiles para comunicar. El primer puente que conocí estaba hecho de palos y cuerdas, colgaba sobre el Rio Casas Grandes y servía para que mis compañeros de los ranchos Las Coloradas y de Juvenal cruzaran de este lado del pueblo para asistir a la escuela. Después conocí el Puente Libre en ciudad Juárez y sus conceptos me inspiraron, un puente que era simbolo de enlace entre dos naciones para fomentar la buena vecindad me gustó y la libertad también me convocó.

Con el paso del tiempo la ciudad en que nací se hizo metropolitana y sus puentes viales cambiaron su fisonomía.

Luego vino mi formación profesional en la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar y hubo que convivir con un ente indescifrable aún para mi, el Estado, que muchas veces se comportaba de manera autoritaria y yo con las pocas herramientas metodológicas con dificultad discernía en mi mente distintos conceptos de esos que se acentúan más durante la juventud.

Fue entonces que la sociedad, a través de un incidente quizás hoy hasta insignificante, sin embargo me aclaró los roles entre Estado y sociedad, una lección que me serviría para toda la vida.

Verán, en ese tiempo el gobierno construyó un puente vial en el cruce de las avenida "de la Raza" y "Tecnológico"; con esta obra facilitó el flujo vehicular sobre la Avenida Tecnológico, en donde el tráfico vehicular era menor, en tanto el arroyo inferior, el flujo vial continuaría congestionado.


Con lo anterior, el gobierno había tendido un puente al revés y la sociedad así lo denominó "Puente al revés". Cierto, con algo de picardía, pero la sociedad asestó bien su crítica y ese equilibrio me gustó.


Concluí que el ejercicio gubernamental debe responder a las necesidades sociales y la sociedad a su manera, siempre encuentra formas de reaccionar para aprobar o desaprobar las políticas públicas.


Entendí también que muchas veces el Estado tiende puentes al revés y cuando empecé a escribir mi columna en el periódico Norte de Ciudad Juárez, descubrí decenas de puentes al revés que existen en el ejercicio del poder y en la vida misma.


Aunque cuando me preguntaban por qué el nombre de mi columna, les daba una versión distinta, les decía que el nombre se debía a que era lo más cercano a la sentencia aquella de "Botellita de jerez, todo lo que digas será al revés".