Apareciste doblando la esquina bajo el aplauso de una sábana agitada por la brisa de la mañana. Todo cuanto conozco es amanecer y ocaso. Nunca creí posible alguien capaz de abrirse camino entre lenguas de fuego, y tu presencia es como un lecho de hierba fresca en el valle. ¿Es esto acaso el fin del mundo?