Son susurros de una vida que va y viene. Siempre acabo diciendo no, es la primera palabra que viene a mi cabeza cuando algo me sorprende, justo para ganar tiempo y pensar después lo estúpido que fui por decir no sin pensar, cuando recupero ese retardo con el que mi mente funciona.

 Entorno los ojos para evitar, inútilmente, el humo que escapa de mi cigarro al dar una calada de rigor. Tú pasabas frente a mí, por la otra acera con una pesada maleta, yo me resguardo del sol bajo la sombra esperando la hora de compartir unas cervezas con amigos. -¿Me ayudas? – No. Tomaremos cerveza en la estación hoy.