Ni oscuridad, ni luminosidad, en una insípida penumbra me muevo, camino sin casi levantar la vista. Sueño en cuando soñaba, en cuando sí había luz y había gracia en los gestos. Busco en mis pliegues tu sonrisa dulce y huye, a duras penas la intuyo. Dulce miel en los labios, y sólo supe ver el aguijón. Me quemaba el tiempo y terminé ardiendo en la eternidad del paisaje gris, sin horas ni minutos.

Hoy dormiré sobre la hierba húmeda y el frescor de la mañana me traerá un nuevo amanecer.