Terminamos la letanía del alba bailando samba. Nos acurrucamos más tarde sobre la arena, al calor de una manta. Que el cielo plomizo nos guarde. Sus ojos, fuego sobre océano, su piel oscura y carne rocosa, su pelo basto y negro. Todo envolvió mi corazón arrasándolo, llevándoselo por siempre a su oscura cueva.
Un muerto viviente soy desde la oración. Abre tu cajita de música, por favor.