Mi ŝategis la satiran rakonton de Thierry Salomon pri la esperanta movado (vidu ĉe www.ipernity.com/blog/32070/63249) kaj decidis traduki ĝin al la hispana lingvo. Mi nenie trovis la verbon "ĉizi", bv. helpi min. Mi proponis "tunear", pro la kunteksto. (aldono: dank'al Julio Herrero, mi jam korektis la tekston).

Me encantó la historia satírica de Thierry Salomon sobre el movimiento esperantista (en esperanto en www.ipernity.com/blog/32070/63249) y decidí traducirla al español. No he encontrado en ninguna parte el verbo "ĉizi", que alguien me ayude. He propuesto "tunear", por el contexto. (ya he rectificado gracias a Julio Herrero).

LOS MARTILLISTAS

La semana pasada tuve una extraña pesadilla. Érase un mundo en el que para clavar un clavo se usaban piedras porque no se conocía ningún otro método.

Sin embargo, muchos años antes, alguien ya había ideado el martillo. Pero sólo unos pocos lo sabían. Esta minoría que apoyaba dicha invención se hacía llamar “los martillistas”. Se organizaban en clubes y asociaciones. Llevaban una insignia en el pecho: un pequeño martillo. Lamentablemente, en vez de usar el martillo en la práctica y de esa manera, predicando con el ejemplo, convencer a los demás de su utilidad, se enzarzaban sin cesar en discusiones sobre fruslerías. Constantemente hablaban entre sí de lo buenos qué eran sus martillos, pero nunca los usaban para objetivos prácticos en la vida real. Incluso no pocos añadieron cambios a su martillo para que fuera más redondeado y se asemejera más a una piedra.


La mayor asociación martillista era la Asociación Galáctica del Martillo, que publicaba la revista “Martillo”. Una vez al año, bajo sus auspicios se reunían los principales martillistas cada vez en una ciudad del mundo distinta. Allí, en la tribuna, detrás de una larga mesa, se sentaban los organizadores bajo la enorme bandera de los martillistas con un gran martillo en el ángulo superior izquierdo. Martillistas de todos los países acudían a la tribuna y, uno tras otro, con un gran martillazo, saludaban a los asistentes, venidos de todo el mundo. A menudo varios miles de martillistas participaban en esta gran asamblea galáctica anual. Pero su eficacia a la hora de dar a conocer las ventajas del martillo en la sociedad era prácticamente nula, aunque participaran decenas de miles de personas. Y eso que se exigía a los martillistas que aportaran dinero para la cuota y que también invirtieran energía. Gran parte de la energía de la Asociación Galáctica del Martillo se iba en la peparación de la convención. A comienzos de la historia del martillo, los primeros pioneros lo usaban en la práctica pero luego, como los martillistas usaban su tiempo y sus recursos económicos para organizar o participar en este tipo de convenciones y editar diferentes revistas sobre temas martillistas, no quedaban ni fuerzas ni dinero para usar esta herramienta en la vida real. Por ello, la sociedad no podía ver lo bien qué funcionaba el martillo y seguir su ejemplo. Los demás en general consideraban a los martillistas unos locos, al parecer debido a sus extraños ritos. Un argumento recurrente en contra del martillo era que era artificial, contrariamente a las piedras, que son naturales.

Debido a la rutina y la incomprensión los martillistas se aislaban cada vez más de la sociedad. Como habían olvidado el objetivo inicial, ya no trabajaban por el uso del martillo en el mundo exterior. No se podían comprar manuales de martilleo en tiendas normales sino únicamente en lugares que pertenecían a la estructura martillista. Solían llamar al martillo “nuestra herramienta”, olvidando que no les pertenece, sino que estaba destinado a toda la humanidad. No lo usaban para clavar clavos, sino que ocuparse del martillo se convirtió en un objetivo en sí mismo. La persona que seguía estos ritos y se ocupaba de estas frivolidades era llamada “buen martillista”. Si alguien intentaba enseñar o vender servicios relacionados con las ventajas del martillo se le llamaba “mercachifle”. Y siempre estaban los que cincelaban y añadían adornos a su martillo y así dejó de ser útil.

Los martillistas consideraban que formaban una comunidad. Hasta la denominaban Martillia. Este “país” virtual tenía, además de la ya mencionada banda, un himno, cuyo estrillo decía así:

Viva el martillo

Viva martillo

Alabado sea el santo martillo

Empapado en sudor me desperté. Con alegría me di cuenta de que sólo era una pesadilla. El despertador ya daba las ocho. Así que me preparé rápidamente para participar en la reunión sabatina del club de esperanto.

Thierry Salomon 2005,

ISBN 963 218 213 8

El:

"La planedo de la senfelaj simioj kaj aliaj rakontoj"

De:

“El planeta de los simios desollados y otras historias”.