En el presente siglo nos enfrentamos a la realidad de una sociedad cada vez más globalizada. Cada vez es más fácil escuchar noticias sobre un suceso en algún país tan distante como China. Los mandatarios de las naciones se buscan unos a otros para hacer enlaces político-comerciales. Las fronteras entre los países europeos se han quitado. Hay un interés antropológico en los grupos étnicos del mundo, los cuales buscan afirmar su personalidad como naciones. Se ha llegado a hablar incluso de la necesidad de un gobierno mundial.
Todo esto nos muestra a un mundo organizándose para los acontecimientos finales revelados en el Apocalipsis.
La temática de los cantos de alabanza a Dios no debe quedar al margen de estos acontecimientos históricos y culturales. Es un hecho inevitable que los cantos cristianos son una expresión del momento histórico en el que son escritos.
Así, por ejemplo, tenemos los cantos de la iglesia primitiva cristiana ( 1 Tim 3:16), los himnos de la iglesia reformada, como Castillo fuerte, los llamados coros de avivamiento, y así hasta llegar a este nuevo siglo. Todos, indudablemente, cantos inspirados por el Espíritu Santo.
No debemos ignorar el hecho de que los cantos que nosotros entonamos en la actualidad no son los mejores, ni los únicos de la historia.
Los cantos de alabanza, además de dar la gloria a Dios, cumplen una función muy importante en la edificación de la iglesia, pues su contenido inspiracional o doctrinal puede ser alto. En este sentido, la función motivacional de las alabanzas ha sido importante a lo largo de la historia de la iglesia.
En estos tiempos recientes, los cantos cristianos han guiado a multitudes a adorar a Dios; también han animado a la iglesia para la evangelización en su propio contexto cultural, pocas veces surgen cantos que motiven a la evangelización en un contexto distinto del propio. Pero el llamado del Espíritu de Dios en la actualidad, para la iglesia, es llevar el evangelio a todas las naciones.
Este es el tiempo para la gran final cosecha mundial.
Los cantos de alabanza deberán reflejar en consecuencia el llamado de Dios, de ir por todo el mundo predicando el evangelio del reino, anunciar pues al Rey de las naciones.
Todo aquel cristiano que aspira a componer un canto debería reflexionar en esta necesidad, si pretende ser un vocero de Dios. Los cantos de alabanza y adoración con tema misionero deberían predominar cada vez más en la alabanza dominical de la iglesia local.
Si la iglesia comprende y obedece el llamado de Dios a la evangelización mundial, también producirá cantos conforme a su convicción eterna.
Hoy se están componiendo cantos en esta dirección, cantos misioneros que recuerdan a la iglesia el deseo del corazón de Dios, cantos que guían a la iglesia de Cristo a cumplir la gran comisión. Cantos que alaban a Jesús como el Rey de las naciones, como el Redentor de la humanidad. Cantos que proclaman su segunda venida y su gobierno eterno. Cantos basados en la Biblia o de inspiración lírica propia, pero con la comprensión de haber sido redimidos, con el propósito de redimir también, mediante el evangelio de Cristo, a todas las naciones, a todas las etnias de la tierra.