comedor Plaza No sé si a ustedes les pasará, pero hay algo en los comedores de los centros comerciales, con sus nombres fancy -terraza, food court y cosas así- que me pone muy nerviosa. Primero está ese bullicio constante que suena como un enjambre de abejas enloquecidas. Y uno va zigzagueando entre mesas y filas, y se compra algo de comer. Y ahí va uno con su vaso plástico y su sorbeto (pajita) ensartado en él, con la comida expuesta en la bandeja y comienza a caminar poco a poco y es como remontarse a esos años cuando éramos escolares, en los que encontrar un asiento en la mesa del comedor, rápido se relacionaba proporcionalmente con el nivel de popularidad que pudiera tenerse en el colegio.

Y aunque no siempre es así, la verdad es que hay un nivel de vulnerabilidad en eso de andar con la comida en la bandeja entre la gente. Recuerda uno que es humano, que hay que comer porque no somos etéreos, que comemos juntos y solitarios como si acudiéramos a un gran concierto de mandíbulas batientes, algunas más sonoras e impertinentes que otras.

Y entonces caminamos y encontramos un hueco y nos sentamos y abrimos la boca y comemos y somos parte del enjambre, del todo que come, del todo que vive.