Tengo un colega muy buena gente, pero realmente feo, y hace un tiempo compartiendo en un pub donde nos reunimos a menudo un grupo de compañeros a cambiar impresiones después del trabajo, me contó que se sentía como si se hubiese sacado la lotería porque había conocido una chica guapísima, que parecía estar interesada en él, a pesar de su panza y su corta estatura, ya habían salido varias veces, y hasta tenían los mismos gustos.

La última vez que habían salido, él la llevó a su casa, y estando en la onda de despedirse dándole las gracias por su compañía, ella lo invitó a entrar.

Aquí el colega no me ofreció más detalles, limitándose a decir que había tenido la noche de su vida y que, al final, la chica le susurraba que él era su hombre perfecto.

Llegado a este punto el colega levantó la copa de vino que había dejado sobre la barra y luego de absorber todo el preciado líquido, permaneció callado.

Yo no aguanté más el suspenso. "Pero...¿la has vuelto a ver? ¿Qué pasó después?"

Me contestó con dos palabras: "Nada...desperté".

Me dio gracia y pena al mismo tiempo su respuesta, y es que a mi colega no le aplica lo de la belleza interior, que es muy grande, pero su físico no es nada agradable.

No hay duda que el físico atrae a primera vista cuando entablas una comunicación, ya sea personal o escrita. A todo el mundo, o a casi todo, se les llena la boca diciendo que la belleza está en el interior, y no creo que sea así, ya que el exterior tiene su parte de importancia en el conjunto de cada persona. Es evidente que lo que recibimos de cualquiera es lo que entra por el ojo: el físico.

Y si la persona nos llama la atención físicamente es más que probable que nos interesemos en conocerla más allá. El exterior es una envoltura sugerente, claro que el físico no lo es todo, sólo una parte, y, desde luego, la parte que más enamora a la larga está dentro de nosotros.

¿Qué opinas tú?