Hoy hemos conocido la muerte de José Luis Sampedro. Casi resulta obvio hablar de lo maravillosamente bien que escribía (La vieja sirena y La sonrisa etrusca son dos de los libros que más me han gustado de todo lo que he leído), pero esto se queda en nada al lado de su valía personal. ´Preocupado por el mundo en el que vivía, íntegro, inteligente, justo, leal, amable, divertido... creo que era un hombre completo, un hombre al que admirar.

Le conocí hace muchos años, en una feria del libro en Madrid, cuando compré un libro suyo (La vieja sirena) para regalárselo a la profesora de mi hija, que entonces era una niña pequeña. Le pedí que lo firmara y cuando me preguntó cómo me llamaba, le dije que no era para mí, sino para regalárselo a la maestra. Levantó la vista y me regaló una mirada de sorpresa y un comentario: ojalá los padres regalaran más libros a los maestros.

Hoy, escuchaba a su mujer, Olga, en la radio, cuando decía que no habían anunciado su muerte hasta después de la incineración para evitar que el mundo de los politiqueríos de todo tipo montara un circo. Qué claridad de ideas hasta en el momento final.

Mi más rendida admiración al gran maestro que fue Jose Luis Sampedro. Descanse en paz.

Por cierto, también en estos días ha muerto la bruja mala del oeste... y no me refiero a Sara Montiel. Esa otra, la que si fue la bruja mala, seguro que no conseguirá descansar en paz. Desde luego, con todo el mal que hizo, no se lo merece.