El hoy Parque Natural de Lobos podría ser el primer asentamiento romano de toda Canarias. Un hallazgo casual entre el jable condujo a uno de los más importantes yacimientos arqueológicos de confirmarse que allí se localizó una factoría relacionada con el comercio del tinte extraído del thais.

A comienzos de la era cristiana, los romanos habrían vivido de forma estacional en la Isla de Lobos. Caso de confirmarse, se trataría del primer asentamiento romano de toda Canarias que se descubrió hace unos meses por un hallazgo casual de unos restos de cerámica y fauna marina.

Enterrada bajo el jable del hoy parque natural de Lobos, aguarda lo que todo apunta que sea una factoría romana relacionada con la obtención de la púrpura procedente de determinados moluscos para su posterior comercialización en el Mediterráneo. La investigación se lleva a cabo gracias a la colaboración que mantienen el Cabildo y Museos y Centros del Cabildo de Tenerife, a través del trabajo de un equipo científico dirigido por Carmen del Arco Aguilar, catedrática de Prehistoria de la Universidad de La Laguna.

Carmen del Arco Aguilar explica que, por ahora, son «todo meras valoraciones, pero si se confirman con análisis más detallados, estaríamos ante un hito importante para el mejor conocimiento de los poblamientos en Canarias, dado que hasta el momento no existen referencias de yacimientos». Entre el material hallado en los sondeos, se encuentran distintos tipos de cerámica -no sólo la utilizada para el transporte de materiales, sino también vajilla (terra sigilatta) de uso cotidiano-, fragmentos metálicos, restos de fogones, restos de cabras, un conchero de gran tamaño, etc.

A falta de un análisis más detallado, las primeras hipótesis indican que los restos de cerámica sean de torno y, los concheros, de thais (un crustáceo del que se extrae la púrpura, un tinte muy apreciado), por lo que su procedencia podría asociarse a un asentamiento de la época imperial romana.



Los tejidos teñidos de púrpura gozaron de gran popularidad en todo el mundo antiguo, desde los fenicios hasta los romanos. Eran considerados objetos de lujo y signo de distinción social, hasta el punto de que el propio Estado controlaba su monopolio y se organizaban expediciones comerciales y militares en busca de los productos necesarios para su elaboración. También se establecieron bases en la costa africana atlántica para su extracción. Las costas de la denominada Mauritania-Tingitana tenían una potente industria de púrpura, por lo que debido a su cercanía con Canarias, se podría apuntar como teoría que también la tuvieran las Islas, donde ya los autores clásicos situaron los Campos Elíseos.

En este sentido, cabe recordar que ya desde el I milenio a. de C. se desarrolló la expansión comercial desde el Mediterráneo oriental a cargo de pueblos navegantes como los fenicios y griegos, que buscaban fuentes de abastecimiento de materias primas y nuevos mercados para sus productos. Los conocimientos náuticos de estos pueblos para navegar en alta mar permitieron esta expansión.

Esta actividad se vio acompañada de numerosos viajes exploratorios o periplos que propiciaron el establecimiento de colonias y emporios fenicios en la costa atlántica, como los de Gadir, Lixus y Mogador, en donde se desarrolló una importante industria pesquera. La producción de garum (una conserva realizada a base de pescado) dio origen a una rica industria de salazón que era comercializada por todo el mundo púnico, griego y romano. Y que también podría ser otra de las justificaciones de la presencia romana en la Isla de Lobos.

Las Islas Canarias, si se confirman las hipótesis iniciales apuntadas con localizaciones como la de Isla de Lobos, no fueron ajenas a este largo proceso comenzado desde el milenio I a. de C. que finalizaría con la crisis del Imperio de los s. III-IV d. C. y el posterior abandono de las factorías de salazones de la Mauritania Tingitana.

En este sentido, la situación estratégica del archipiélago canario facilitó el establecimiento de las rutas comerciales de navegación atlántica. La gran riqueza en túnidos de las aguas del banco pesquero canario-sahariano pronto convertiría a las islas en una valiosa fuente de recursos pesqueros.<b> La descripción de las Islas Afortunadas que Plinio extrae de la expedición de Juba II nos revela el conocimiento y la frecuentación del archipiélago desde la Antigüedad</b>. Existen evidencias indiscutibles que confirman en las islas la presencia de poblaciones púnicas y romanas relacionadas con la explotación de estos y otros recursos naturales como la madera o el múrex, que propició el desarrollo de rentables industrias de tinte de púrpura en la Antigüedad.