*”UN* DECANSO* CELESTIAL”*

¡He partido! Mi espíritu y mi alma gozosos y en calma,
¡He partido! Y ante el trono de Dios estoy gozoso.
He recorrido un camino que ha confortado mi alma,
siendo el día de mi vida más tranquilo, feliz y glorioso.

Un brillo de luz resplandece en el silencioso camino,
y un suave canto de alabanza me conduce a mi destino.
He llegado al lugar, transportado como en un torbellino,
a la casa celestial, donde todo es paz, colorido y cristalino.

Todo lo que existe y se siente es un dulce soñar,
acompañado de un silencio, de paz y tranquilidad,
reposando sobre mi mismo espíritu y sin tropezar,
sólo poder despertar para vivir la eterna realidad.

Aquí no hay frío ni calor, dolor, cansancio ni llanto,
porque en este lugar, todo lo que hay florece.
Sólo brilla la esperanza, de alcanzar la redención del santo,
que por su amor y misericordia, nuestra salvación embellece.

Desde el lugar más misterioso del firmamento celestial,
y donde todo lo que nos rodea es de idioma angelical,
descansamos ya gloriosos sin mente y cuerpo terrenal,
pues hemos sido transformados con simiente espiritual.

La separación del alma y espíritu del cuerpo es una transición,
ya que por voluntad de Dios, este proceso nos llenará de bendición.
Hay un sueño profundo y sublime en esta gran mansión,
esperando el momento glorioso a la gran resurrección.

La muerte, es una pausa a la vida, y a los propósitos del Señor,
no mide el tiempo, porque el tiempo es de él y ya fue hecho.
No escoge ni señala, no hay edad, color, tamaño, género ni error,
porque todo está enmarcado a lo largo y a lo estrecho.

Es un sueño, en espera de un llamado para despertar,
un despertar lleno de esperanza, pues Dios sabrá perdonar.
Un misterio, cuyo dador en su momento lo podrá revelar,
un momento, sin fecha y sin hora que no se podrá adelantar,
pues no hay sabio ni rico ni poderoso, que lo podrá explicar.

En la tierra, es un trago amargo muy difícil de digerir,
cuyo sabor, enluta el sentimiento y lo hace sufrir.
y sólo los que lo han vivido, lo pueden sentir.

Un sabor amargo que empaña la ausencia que quedó en el vacío,
un vacío doloroso, silencioso, que se desliza como el río.
Es un mar de dolores donde naufraga el pensamiento,
quedando a la deriva el desconsuelo por el acontecimiento.

Solo quedan recuerdos que son muy difíciles de olvidar,
pero que el ser humano tiene que con fortaleza sobrellevar.
No hay ciencia ni palabras que puedan aquel vacío levantar,
Solo queda la fe y la esperanza a aquel amado volverlo abrazar.

Autor: Manuel Mora Robles
Moravia, San José Costa Rica
23-marzo-2014