rosebud.

Tenaces, los copos acarician nuevamente la línea traslucida del horizonte, sigue nevando sobre Viena. Seducida desde siempre en ese mismo paisaje, va dejando otra vez sus señales en la superficie cristalina del exterior.

Incansable, la nieve resbala por los tejados de la basílica, derramándose sobre las ramas de los pinos, cubriendo blandamente el espacio diáfano del suelo.

Duradera y persistente, la escasa nevada, compañera desde un día lejano de sus pasos bajo tormentas intermitentes, por terrones, arenales y secanos. Aferrada a una bola, volteandose a golpe de muñeca.